Girona, 05 de octubre de 2026
La colisión entre el dadaísmo helvético de Martin Zimmermann y el surrealismo flamenco de Sidi Larbi Cherkaoui constituye uno de los acontecimientos escénicos más esperados de la temporada. Presentada ayer en el Teatre Municipal de Girona como propuesta inaugural de la 35ª edición del Festival Temporada Alta (con función adicional hoy), Has been supone la primera colaboración coreográfica entre dos creadores clave de la vanguardia europea.
El montaje se despliega como una tragicomedia visual centrada en el ineludible paso del tiempo, el declive físico y los vanos artificios del ser humano por sostener la fachada cuando la estructura social y personal comienza a desmoronarse. Un artefacto escénico donde el humor negro, el ilusionismo y la danza dialogan para reflexionar sobre la propia fragilidad del oficio escénico.
El juego dramático arranca antes incluso de que la luz de sala termine de extinguirse pues, mientras el público va tomando asiento, un trabajador barre el escenario de un lado a otro. Un gesto cotidiano que pronto muta en poesía cuando el propio obrero comienza a ventear el telón provocando una gigantesca marejada textil que termina desbordándose y cayendo al suelo para desvelar un espacio abarrotado de objetos cubiertos con sábanas. Es en ese instante cuando el operario se despoja de su atuendo de trabajo revelando una pulcra camisa con pajarita, lo que le permite transformarse de inmediato en el estrafalario botones de este particular alojamiento.
A partir de este prólogo, el montaje articula una cuidada arquitectura de sketches consecutivos y pasajes cargados de un hilarante aire de sainete contemporáneo. La escenografía, ideada por el propio Zimmermann, opera como un organismo vivo y traicionero que se va deshaciendo con el paso del tiempo.

Espacio manipulado
Los propios intérpretes modifican, destrozan y manipulan el espacio a su antojo, retando de forma constante las leyes de la física y permitiendo que la arquitectura teatral colapse al mismo ritmo acelerado que la compostura de sus protagonistas. Es en este laberinto de estructuras inestables donde la danza emerge orgánicamente, equilibrando con maestría la presencia del texto, la gestualidad actoral, el movimiento, la música y el dinamismo plástico. Un engranaje donde los intérpretes se multiplican en variados roles y se suceden sutiles guiños pictóricos que invocan desde la geometría estricta de Piet Mondrian hasta el acertijo ilusionista y el absurdo poético de René Magritte.
Toda la acción queda vertebrada en torno a dos figuras icónicas que encabezan el reparto: ese servicial botones interpretado por Zimmermann y un enigmático personaje de tez pálida y gafas de sol encarnado por Cherkaoui. Junto a ellos, la música en directo actúa como el auténtico pulso motriz, con músicos y cantantes entrando y saliendo del foco principal, generando con ello auténticos conciertos en vivo y toda una paleta de sonidos que acompañan y amplifican laacción primaria.
Y es que en Has been, la risa y el sobrecogimiento caminan de la mano. Los toques cómicos y el distanciamiento absurdo funcionan como un balsámico contrapunto a la melancolía que sobrevuela la pieza, recordando al espectador que la decadencia es el único horizonte seguro. Con ella, Cherkaoui y Zimmermann construyen un espectáculo deslumbrante que demuestra cómo, incluso cuando todo a nuestro alrededor se desploma irremediablemente, siempre nos queda la elegancia y la dignidad de sabernos arruinar sobre la escena.




