Madrid, 10 de octubre de 2026
Famosas son, como conjunto, las seis esposas de Enrique VIII de Inglaterra. Pero lo son como si se tratara de un colectivo, un club de mujeres que compartieron marido y corrieron suertes diversas, incluyendo dos de ellas decapitadas. No obstante, individualmente, tuvieron sus propias historias y motivaciones. Y en esas individualidades se ha centrado el musical Six, que desgrana una a una, a través de canciones, a Catalina de Aragón, Ana Bolena, Juana Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr, las seis malogradas esposas del monarca británico que rompió relaciones con la Iglesia Católica e instauró la Iglesia Aglicana.
Aunque documentada y sustentada en la realidad de estas mujeres, la originalidad y trasgresión de Six, el musical, radica en la presentación de estas reinas como divas del pop actual concursando para elegir a la mejor de todas.
La idea surgió en la Universidad de Cambridge, cuando dos estudiantes, Toby Marlow y Lucy Moss, escribieron las canciones e idearon el musical, que se estrenó en 2017 en la competida plataforma de talentos emergentes que el Festival Fringe, de Edimburgo, que terminó catapultando esta modesta producción universitaria al West End londinense y el Broadway de Nueva York, cosechando un éxito que ha conocido producciones de hasta 16 países diferentes. España se suma con una puesta en escena, que desde finales de septiembre puede verse en el Teatro Gran Vía, de Madrid.
El principal hándicap de Six, el musical, radica en que no escenifica el relato de estas mujeres sino que narra los acontecimientos a través de las canciones de cada una, por lo que el espectáculo se despliega más bien como un concierto en el que ellas narran sus historias en el marco de una competición por elegir a la mejor esposa de Enrique VIII. Lo novedoso, y ese es su principal hallazgo, es que las aleja del siglo del siglo XVI y las planta en el aquí y ahora, como divas del pop peleándose, defendiéndose y reivindicándose en un concurso. A cada una le corresponde una inspiración actual y por este camino, Catalina de Aragón encuentra correspondencia con Beyoncé y Shakira o Catalina Howard se presenta como una mezcla entre Ariana Grande y Britney Spears.
Esta estructura, no obstante, la hace predecible y sin sorpresas. A los diez minutos de representación sabemos que cada una tendrá la canción de sus penurias, y todo acabará cuando cante la sexta esposa. La solución al veredicto del concurso resulta del todo dudosa y el gran final termina siendo un poco forzado. El tono feminista, obligatorio, luce a veces panfletario y un poco lugar común.

Talento local
De ahí que la responsabilidad del musical recaiga completamente en las seis cantantes-actrices-bailarinas, que prácticamente no abandonan el escenario y son sometidas a una maratón escénica de alto calibre, que las obliga a cantar, bailar, entretener y sostener una historia compleja que no es escenificada sino narrada a viva voz, en diálogos entre ellas o a través de las muy ingeniosas y, en algunos casos, pegadizas canciones.
En este sentido, la producción española saca un notable. Cada una de las seis intérpretes sabe diferenciar su personaje de las otras, a pesar de aparecer uniformadas, vestidas todas con esos trajes a medio camino entre lo galáctico y el kitsch, y moviéndose en coreografías, muy al unísono o en canon, al ritmo de un pop musical eficaz pero uniforme, lo que las obliga a construir sus personajes desde recursos propios: la voz, la capacidad interpretativa, la soltura, la gracia y, en definitiva, su propia personalidad. Todas, sin excepción, lo logran. Clara Lanzani, Clara Rengel, Beatriz Santana, Liz Tatis, Ariana Galletti y Alba Egilo más que sostener el espectáculo, son el espectáculo.
El otro elemento a favor, que es clave, radica en la traducción al español, tanto de diálogos como de canciones. Es muy importante porque la historia avanza y se cuenta desde la palabra, y el original supone no pocas dificultades, siendo la más notoria y compleja, el tono coloquial actual, con guiños y referencias a lo cotidiano. Daniel Anglès, Marc Gómez y Gara Roda, el equipo traductor, consigue saltar el escollo con éxito. Hay humor, naturalidad y credibilidad en estos textos, que aciertan en sus dos niveles: el de las canciones, que se escuchan armónicas, sin tropiezos ni forzados giros lingüísticos, y el de los diálogos, que fluyen con toda naturalidad y credibilidad en las voces privilegiadas de sus seis intérpretes.
De esta forma, los méritos de Six, el musical, el de la Gran Vía madrileña, recaen más en el talento e ingenio local que en la complicada propuesta escénica importada que -no es poca cosa- exige solventar estos retos con eficacia para poder funcionar y sobrevivir más allá de la puesta en escena original.




