'Brida', de Ester Guntin

La fascinación equina de Ester Guntin

Manresa, 16 de octubre de 2026

El ball de cavallets (baile de caballitos) es una danza procesional que ya aparece documentada en el siglo XIV en Tarragona y que, con distintas variantes, se extiende por toda Cataluña, Baleares y Valencia. Los danzantes llevan caballitos de cartón y representan escenas ecuestres. A partir de esta tradición pero sin realmente representarla, la joven creadora catalana Ester Guntin, la misma que sorprendiera con su rigurosa Quiso Negro, crea su nueva propuesta Brida, que abrió anoche, en el patio del Museo Barroco, la vigésimo novena edición de la Fira Mediterrània de Manresa.

Fría y ritual, bajo una expresiva luz blanca, Brida mueve a sus tres bailarines (y sus respectivos cavallets) por un espacio aséptico dominado por un espejo que parece crear una realidad paralela a la que ocurre en escena. Más que un baile tradicional, la pieza parece una exploración de la relación que los humanos hemos tenido con los caballos, a los que hemos conseguido doblegar y domar hasta convertirlos en transporte, centro de las artes ecuestres, protagonistas de carreras o espectáculos circenses… cuerpos animales que se ajustan, con elegancia y precisión, a las tareas requeridas tras un entrenamiento tan exigente y brutal como el que requiere el bailarín para servir a su danza.

A través de patrones repetitivos, que se hacen hipnóticos, la investigación convierte los referentes equinos en danza expresiva. Los bailarines son, a un tiempo, caballo y jinete, domador y domado, animal y humano… en una fusión (muy alejada del mitológico centauro hay que advertir) en la que reconocemos caballos en los danzantes y una suerte de “técnica” de danza en los movimientos equinos, no exentos de sensualidad y sexualidad (recuerda, de lejos, la pulsión sexual de Equus, la obsesiva pieza teatral de Peter Shaffer). Allí radica el hallazgo más importante de la pieza, que no surtiría efecto sin el compromiso draconiano de estos tres hieráticos bailarines transmutados y reconfigurados, como los caballos, por una coreógrafa que no descuida detalles.

peque guntin
Un momento de ‘Brida’

Tensión e inquietud

Todo aquí transcurre en un tono ritual, obsesivo y perfeccionista, acentuado por la música envolvente de Uge Pañeda pero también por los silencios. Guntin sabe crear tensión e inquietud desde el silencio. El segmento de las fustas, muy inquietante, en el que literalmente se fustigan con golpes secos, es ejemplar de esta práctica.

No es fácil ni complaciente Brida. Exige concentración y cierto compromiso, hay frialdad y desapego emocional en lo que cuenta pero al mismo tiempo, si conectas con su detallado y rico universo expresivo, ejerce fascinación.

En este sentido, y también en muchos otros, hay una conexión (estilística, formal, coreográfica) con Quiso negro, que termina por establecer las coordenadas estéticas en las que se mueve Ester Guntin, coreógrafa a la que hay que seguirle la pista. Por lo pronto, después de la Fira, la pieza está programada en el Mercat de les Flors, de Barcelona, para marzo del año próximo.