Sergio Suárez y Rocío Barriga son La Basal

La Basal: Desaprender la danza

Madrid, 09 de octubre de 2026

Sergio Suárez y Rocío Barriga, líderes del joven colectivo sevillano La Basal presentan mañana y pasado su propuesta No estamos aquí para bailar en la Sala Mirador, de Madrid, en el marco del Festival Surge Madrid, y de inmediato la llevarán a su ciudad, con función prevista el 15 de octubre, en el Teatro La Fundición.

Nacida en 2019 como un refugio creativo ante las inclemencias del mercado profesional, el colectivo La Basal se ha consolidado como un espacio imprescindible para el cuestionamiento del hecho coreográfico. El conjunto encabezado por Sergio R. Suárez y Rocío Barriga ocupará este fin de semana la sala El Umbral de Primavera / La Mirador que, como parte de la programación del Festival Surge Madrid, acogerá el estreno de su obra No estamos aquí para bailar, en esta ocasión como una versión extendida de la propuesta original siendo diseñada para espacios convencionales. Un proyecto de investigación de largo recorrido que expande el formato breve de su predecesora para adentrarse en la tensión entre la norma académica y la libertad del movimiento deseado.

Uniéndose con una finalidad estratégica de supervivencia artística y personal, la alianza entre Suarez y Barriga partió con el fin de hacer frentea la soledad inherente a los primeros procesos individuales. «Empezamos a colaborar porque en 2019 formamos el colectivo La Basal, con la finalidad de no enfrentarnos al mundo profesional solas, sino de tener un resguardo, un amparo», nos relata Barriga, que tras presentar su solo Todo esto no es tradición al que seguiría el estreno de La Revisión firmado por Suarez, ambos creadores decidirían unir fuerzas a principios de 2023 para investigar sobre la naturaleza del propio deseo.

Una búsqueda que implicaba revisar críticamente las cadenas de la formación clásica y la danza española reglada. «Una de las primeras cosas que surgen es cuestionarnos qué entendíamos por el mundo de la danza, desde dónde se nos había educado, qué es lo que se exigía, cuál es esa sobre-productividad, cómo son esos cuerpos que nos reclamaban», asegura Suárez que, con un bagaje crítico considerable, ya habría puesto el foco previamente en la construcción social del género.

peque basal
‘No estamos aquí para bailar’

Reconciliación orgánica

Entre todos estos interrogantes que surgieron y lejos de instalarse en el rechazo destructivo, el tándem opta por una reconciliación orgánica con su propio bagaje técnico. «Hemos acabado un poco reconciliándonos con el contexto profesional, con la danza, con nuestra formación, entendiendo que para nuestro proceso vital era necesario alejarnos de la danza más académica, de lo más estandarizado, y hemos vuelto a ello, pero desde un sitio más orgánico, más emocional y menos rígido».

Así, aquella primera versión de 15 minutos pensada para espacios no convencionales da paso ahora a una pieza de 50 minutos donde la palabra, el cuerpo y la duda comparten protagonismo. «En esta versión nos hemos tomado el tiempo para expandir todos esos materiales para realmente explayarnos en la investigación escénica en sí». Un formato donde el proceso creativo se exhibe sin artificios, invitando al espectador a presenciar los titubeos de la escena.

«Una de las premisas del proyecto es precisamente exponer el proceso creativo, darle valor a las dudas, a las grietas, a todo lo que surge durante la creación». Para agitar el proceso e internarse en zonas de riesgo, La Basal ha contado con el acompañamiento de miradas externas de la talla de Rosa Romero, María Cabeza de Vaca, María Pizarro o Alejandro Barriga, dando como resultado un espectáculo donde los patrones del virtuosismo colisionan con la verdad de los gestos populares, lanzando al aire preguntas tan incisivas como necesarias para la escena actual.

“Una pregunta que nos hacemos mucho es qué vale más, ¿hacer un pas de bourrée o un paso más académico de danza o mover el culo o mover el hombro como lo mueve mi madre en la verbena?”. Una confrontación que busca desmantelar la jerarquía de los cuerpos en favor de una experiencia compartida con la mirada del público. “Una mirada crítica no implica rechazo a lo que miras, implica simplemente cuestionar el entorno para crecer con él”.

A estas alturas no descartan que No estamos aquí para bailar evolucione hacia una tercera versión. “La obra siempre está en proceso porque nos interesa que el propio acto escénico sea un proceso que evolucione a medida que va teniendo lugar”, concluyen.