Alvin Ailey, retratado en 1960

La humilde grandeza de Alvin Ailey llega al Teatro Real

Madrid, 06 de octubre de 2026

El Teatro Real, de Madrid, recibirá la semana próxima a la Alvin Ailey Dance Theater, de Nueva York, con dos programas que muestran las facetas actuales de la agrupación. El Programa A, los días 14, 16 y 17 de octubre, estará dedicado a sus obras emblemáticas (Revelations, Cry, Night Creature) y el Programa B, los días 15, 17 y 18, a las obras de nueva creación de la compañía. A propósito, hemos querido recordar las aportaciones de este importante precursor de la modern dance norteamericana.

Ocupa Alvin Ailey (Texas, 1931- Nueva York, 1989) un preponderante lugar en el devenir de la modern dance norteamericana. No creó, como Martha Graham, una técnica pero aportó un estilo que sigue siendo personal, propio y reconocible, en el que convergen con igual nitidez la danza contemporánea, el ballet académico o la jazz dance, todo bajo la óptica de espectáculos siempre teatrales donde trajes, escenografía y música tienen tanto peso como lo coreográfico, propuestas todas sin pretensiones intelectuales profundas que aspiraban a lo que efectivamente consiguieron: hacer llegar la danza a todos los públicos posibles a través de las emociones. Tal es su relevancia en Estados Unidos que, en 2024, el Whitney Museum de Nueva York le dedicó a su obra la exposición Edges of Ailey, que fue todo un acontecimiento.

Mientras personalidades de la vanguardia norteamericana del momento como la misma Graham, Merce Cunningham o los posmodernos hacían grandes innovaciones y propiciaban cambios profundos en el mundo de la danza, Ailey se ubicaba en otra órbita, insertándose en asuntos sociológicos y antropológicos, conectando con todo tipo de audiencias. Su interés por expresar desde la danza el sentimiento y espiritualidad de la cultura afroamericana, de donde procedía, queda plenamente expresado en la obra que, históricamente, ha quedado como su mayor logro y aportación, la temprana Revelations (1960), una especie de fresco costumbrista que hoy es emblemático no solamente de su lenguaje y modo escénico sino de toda la danza norteamericana del siglo pasado. Desde el año pasado, la compañía está bajo dirección de Alicia Graf Mack.

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‘Revelations’ Foto_PAUL KOLNIK

Impactante Revelations

Revelations nace de un puñado de recuerdos, los de un artista negro que vivió su infancia en Texas durante unos años en los que los aires de la depresión golpeaban con más fuerza en la población pobre y negra. No es una coreografía triste pero emociona hasta las lágrimas porque está hecha de verdad, de humanidad, está construida sobre la autenticidad de la gente negra y la fortaleza de su espíritu, sobre la manera en que se aferraban a su propia cultura. Construida en diez secciones, sobre emocionada música góspel, la obra se despliega como un collage de cuadros que ofrece distintas estampas de la vida cotidiana rural, edificadas a través de una enérgica danza contemporánea de complejas y exquisitas formas. Al final, no es difícil entender que tampoco se trata solamente de la cultura afroamericana sino de algo todavía más allá: de la experiencia del ser humano en este mundo.

El segmento Wade in the water, donde los bailarines emulan el agua, dio lugar a ese efecto de brazos líquidos y movimientos pélvicos, que será parte de su identidad coreográfica, llegando a su máxima expresión en otra pieza fundamental de su catálogo, The River (1970), coreografía que montó para el American Ballet Theater (ABT), de Nueva York, con música de Duke Ellington, compositor con el que mantuvo una estrecha colaboración, que dio lugar a otras creaciones.

Revelations ha ido atesorando a lo largo de las décadas un importante número de récords y ha estado presente en momentos emblemáticos de la historia reciente de Estados Unidos. En 1960 viaja a Asia dentro de un programa de difusión de la cultura americana del presidente Kennedy. En 1970, llega a Moscú, donde es ovacionada durante más de 20 minutos, como parte de una estrategia para bajar las tensiones de la Guerra Fría y en 1985 se estrena en China, en un intento gubernamental por aligerar sus relaciones con el país asiático.

En 1993 formó parte de la gala televisiva de bienvenida al Presidente Clinton, y ese mismo año convocó a 30.000 espectadores que la vieron al aire libre en el Central Park, de Nueva York. Desde luego, no fue ignorada por Barack Obama que, en 2009, fue a verla con su familia en la muy mediática primera noche libre tras el día que tomó el poder.

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‘Night Creature’ Foto_PAUL KOLNIK

La América negra

La obra de Alvin Ailey se erige como un tributo a la América Negra. Su compañía, fundada en 1958, tuvo siempre necesidad de apoyar a bailarines y coreógrafos negros que, en tiempos de fuerte segregación, no encontraban oportunidades en el establishment blanco. De hecho, durante los primeros seis años tuvo exclusivamente bailarines negros. Mucho antes del estallido de las revueltas de la lucha por los derechos civiles de los negros en los años sesenta, de la imposición del lema black is beautiful y por supuesto muchas décadas antes del reciente Black Lives Matter, Ailey ya venía creando sus obras de exaltación de la cultura afroamericana. El debut de su compañía fue con Blues Suites (1958), coreografía de cadencia negra que ponía danza a un puñado de blues del sur y conseguía su punto climático en el segmento dedicado a la célebre canción La casa del sol naciente.

Y aunque para su agrupación creó hasta 79 coreografías, la Alvin Ailey American Dance Theater no fue nunca exclusivamente suya, como no lo es ahora, con él ya muerto. Desde el inicio invitó a distintos coreógrafos, especialmente afroamericanos, que encontraron un lugar donde estrenar sus trabajos. Las pioneras de la danza afroamericana Katherine Dunham y Pearl Primus, que estrenó con ellos su creación Fanga (1973), la primera de raíces africanas de la compañía, fueron bienvenidas pero también John Butler, Anna Sokolow, José Limón o Paul Sanasardo, mientras que había un especial interés por la divulgación histórica, llegando a tener en repertorio importantes reconstrucciones como la emblemática Kinetic Molpai, del precursor Ted Shawn de principios del siglo pasado.

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‘Cry’ Foto_PAUL KOLNIK

Tiempos difíciles

En la usualmente festiva obra de Ailey se encuentra, no de una manera convencional o explícita, buena parte de sus vivencias. Nació en Rogers, un pueblo de Texas, en un momento difícil para los negros. Su madre, Lula Elizabeth, tenía apenas 17 años cuando lo tuvo, su padre les abandonó siendo Alvin un bebé y a los 22 años la joven fue atacada y violada por blancos, desarrollando un fervoroso sentido de la fe, un gran orgullo de la raza negra y un temor indescriptible hacia los blancos, sentimientos que transmitió a su hijo. Años más tarde, en 1971, Ailey montaría para Judith Jamison una de sus obras más consolidadas y emocionantes, el solo Cry, concebido como un homenaje a su madre y a todas las mujeres negras.

Cuando se mudaron a Los Ángeles, el joven Ailey encontró un ambiente menos hostil aunque no exento del sentimiento segregacionista y violento que reinaba en todo el país. Estudió Lenguas Romances pero entró en contacto con Lester Horton, coreógrafo que había fundado la primera escuela de danza interracial norteamericana y fue una gran influencia para su trabajo. La súbita muerte del maestro, en 1953, le hizo coger las riendas de su compañía por breve tiempo, pero animado por su amiga, Carmen de Lavallade, se instaló en Nueva York.

Husmeó en la escuela de Graham, tomó clases de contemporáneo con Hanya Holm y Charles Weidman, estudió ballet con Karel Shook y composición con Dorys Humphrey. No encontró en ninguno de estos relevantes maestros la posibilidad de desarrollar la idea que Horton sembró en su cabeza, la de una danza que fuese rigurosa pero que pudiera llegar a todo el mundo. Sin embargo, se trajo lo mejor de cada casa, y de las enseñanzas de cada uno creó su propio estilo, que aparecía ya en la primogénita Blues Suites y se consolidaría poco después con Revelations.

De manera involuntaria, la agrupación de Ailey ha tenido un marcado acento político en la vida social norteamericana. Siendo una compañía tan comprometida con la gente de su raza, lógicamente fue abrazada y tomada como ejemplo por el  movimiento de los derechos civiles de los negros en los años sesenta, lo que hizo crecer su reputación. Pasados los años, el gobierno la convirtió en embajadora cultural y la puso a rodar por el mundo en un momento en que necesitaba contrarrestar la idea del fuerte segregacionismo racial de Norteamérica que estaba en el foco del debate internacional.

Podría pensarse que su compañía fue instrumentalizada políticamente, aunque él nunca hizo obras contestatarias ni desafiantes con el poder. Pero viniendo de un pasado en el que fue golpeado por los ramalazos de la Gran Depresión y en el que vivió y sufrió el segregacionismo, Ailey aprendió a ser siempre discreto. No reveló a su madre que se estaba dedicando a la danza hasta después de dos años bailando. Llevó su homosexualidad en secreto y su romance, en los años 50, con el activista político y pacifista blanco David McReynolds fue mantenido en estricta privacidad debido a la homofobia imperante. Cuando murió en 1989, a los 58 años, pidió a su médico que no revelara que moría de sida, en un momento en que era vergonzoso padecer la enfermedad.

A su muerte, Judith Jamison, su musa, amiga y gran intérprete de su obra, se hizo cargo de la compañía, llevándola hasta cumbres insospechadas pero sin olvidar nunca las palabras de Ailey, que solía decirle: “La danza nació de la gente y hay que devolvérsela a la gente”. Desde el año pasado la compañía está bajo dirección de Alicia Graf Mack.