Eduardo Guerrero versiona en Jerez 'La vida breve' y 'El amor brujo'

Eduardo Guerrero ofrece en Jerez su mirada coreográfica a Manuel de Falla

Madrid, 30 de septiembre de 2026

Con funciones los días 02 y 04 de octubre, se estrena en el Teatro Villamarta, de Jerez, una ambiciosa producción lírica que une La vida breve y El amor brujo, dos obras emblemáticas de Manuel Falla, en la celebración del 150 aniversario del nacimiento del músico. Con dirección escénica de Carlos Roó y musical de Carlos Domínguez-Nieto al frente de la Orquesta Bética de Cámara de Sevilla, el montaje cede un papel relevante a la danza, que ha sido concebida por Eduardo Guerrero.

La nueva temporada se ha iniciado huracanada para el bailaor y creador gaditano Eduardo Guerrero. A pocas semanas del estreno en Madrid de su nueva creación Códigos, una propuesta unipersonal, ciertamente muy personal, en la que revisa su manera de enfrentar los códigos del flamenco, y en medio de las giras de algunos de sus trabajos recientes, este fin de semana desvelará en Jerez una expansión de sus facetas conocidas al abordar las coreografías de El amor brujo y La vida breve, que aparecerán unidas en una creación austera y limpia que, con dirección artística de Carlos Roó y musical de Carlos Domínguez-Nieto, se estrena en el Teatro Villamarta, enmarcada en la celebración del 150 aniversario del nacimiento de Manuel de Falla.

“Lo que más me interesa de este momento que estoy viviendo es que cada proyecto me está colocando en un lugar diferente: unas veces como intérprete, otras como coreógrafo y otras asumiendo una mirada más global sobre la escena”, nos confesaba el creador que, en este montaje, asume además el rol de El Espectro, en El amor brujo. Todo es nuevo para él. No había incursionado en ballets narrativos ni había creado coreografías para montajes líricos, no suele hacer demasiadas obras de encargo ni bailar personajes literarios.

¿Qué le hizo aceptar el reto de coreografiar estas piezas de Falla?

Precisamente que era un reto. Cuando me llega un encargo intento preguntarme si realmente tengo algo que decir ahí, porque hacer una obra simplemente porque te la ofrecen no me interesa demasiado. Y con Falla había muchas cosas que me tocaban de cerca: Cádiz, Andalucía, el flamenco, la música con la que he crecido… pero también la posibilidad de entrar en un territorio que no es exactamente el habitual en mis propias creaciones.

En su trayectoria no hay muchas obras de carácter narrativo. ¿Qué supone para usted crear sobre estas dos historias lineales?

Me obliga a trabajar de otra manera. En mis espectáculos normalmente parto de una idea, una imagen, una emoción o incluso una pregunta, y desde ahí construyo. Aquí existe una historia y unos personajes que tienen que avanzar y que el espectador debe poder seguir. Pero tampoco quería convertir el movimiento en una ilustración literal de lo que está ocurriendo. Me interesa que la danza cuente, pero que también tenga autonomía. Encontrar ese equilibrio entre narrar y sugerir ha sido una de las partes más interesantes del proceso.

guerrero falla
Eduardo Guerrero, baialor y coreógrafo

¿En el espectáculo se establecerá un vínculo entre ambas piezas o irán separadas?

Son dos obras con identidad propia y así deben reconocerse, pero inevitablemente aparecen ecos entre ellas. Estamos hablando de universos atravesados por el amor, el deseo, la pérdida, los celos, la fatalidad, la muerte… y de dos mujeres que viven situaciones muy poderosas. No hemos querido forzar una unión argumental que no existe, pero sí hay una mirada común sobre ambas. El cuerpo, la manera de construir las relaciones y el lenguaje coreográfico hacen que pertenezcan a una misma noche y a un mismo universo.

Es el Año Falla y se verán muchas versiones de las mismas piezas. ¿Qué distinguirá a las suyas?

Creo que intentar distinguirse deliberadamente puede ser una trampa. Yo no he entrado en Falla pensando qué puedo hacer para que mi versión sea diferente, sino qué puedo aportar yo honestamente a estas obras. Y ahí aparece inevitablemente mi manera de entender el cuerpo. Me interesa un cuerpo flamenco que pueda reconocerse como tal sin necesidad de permanecer todo el tiempo dentro de una forma establecida. Hay flamenco, por supuesto, pero también hay libertad corporal, teatralidad, silencio, tensión, espacio.

¿Qué supone para usted, como creador, la pérdida del control total y tener que trabajar con un director artístico, en este caso Carlos Roó, con el que tiene que consensuarlo todo?

Más que una pérdida de control, lo he entendido como un ejercicio de diálogo. Cuando hago una creación propia puedo tomar una decisión, equivocarme, destruirla al día siguiente y volver a empezar. Aquí formas parte de una arquitectura mucho mayor: hay una dirección artística, música, dramaturgia, intérpretes y una visión global que tiene que sostenerlo todo. Eso te obliga a escuchar y también a defender tus ideas de otra manera. El consenso no tiene por qué restarte autoría; a veces te obliga a argumentar por qué necesitas algo y hace que llegues a lugares a los que solo quizá no habrías llegado.

¿Podremos encontrar alguna conexión entre estas dos piezas y su trabajo habitual como creador?

Sí, inevitablemente. No porque haya querido introducir citas de mis espectáculos, sino porque uno crea con el cuerpo y la mirada que tiene. Está mi interés por llevar el cuerpo flamenco a otros lugares, por la tensión entre fuerza y fragilidad, por el silencio, por la imagen, por no llenar el escenario innecesariamente. Y también algo que aparece mucho en mis trabajos: la identidad. Aunque esta vez esté contando historias escritas antes de que yo naciera, la pregunta sigue siendo parecida: ¿cómo puedo atravesarlas con mi cuerpo y hacer que tengan sentido hoy?

En Códigos intentaba mostrarnos un abanico de códigos como posibilidades escénicas, unos del flamenco mismo y otros más personales. ¿Qué códigos de los personales ha necesitado para La vida breve / El amor brujo?

Sobre todo la escucha del cuerpo. Hay códigos flamencos muy reconocibles que están ahí y que forman parte de mí, pero he utilizado muchos otros que he ido desarrollando con los años: la manera de trabajar el torso, los brazos, las líneas, los cambios de peso, la suspensión, la velocidad, incluso la quietud. Y algo muy importante: entender que un código no es una cárcel. Puedes respetarlo, romperlo, deformarlo o dejarlo desaparecer durante un momento. Lo importante es saber por qué lo estás utilizando.