En la unión esta la fuerza. Durante los últimos trece otoños, las salas alternativas de la Comunidad de Madrid, hoy alcanzando 19 espacios, han sellado una alianza que se materializa en Surge Madrid en Otoño, un evento múltiple que en su apuesta por las artes vivas y los lenguajes híbridos ofrecerá este año, entre el 22 de septiembre y el 11 de octubre, una oportunidad de albergue a 58 propuestas no siempre fáciles de definir y un buen puñado de opciones, todas diferentes e innovadoras, al público.
La programación, que acaba de ser presentada por Alberto García y Natalia Ortega, coordinadores de Surge, ha sido dividida en cuatro ejes: estrenos absolutos (37), artistas emergentes (5), actividades culturales (13) y residencias (3). El género y común denominador de todas es el riesgo. Abarcan teatro, danza, performance, instalaciones, creaciones híbridas o una mezcla de todas.
En este sentido, no resulta sencillo definir, diferenciar ni desgranar la participación de la danza dentro de la amplia programación. “Es muy híbrido” nos confirma Alberto García, que a su vez es director de El curro DT, compañía madrileña con solera que estará estrenando Nuestra ausencia amarga en este marco. “Hay muchas propuestas de movimiento, no necesariamente de danza, pero hemos notado que en la sección de emergentes es dónde hay más coreógrafos, lo que indica que la gente más joven que nos está llegando viene de la danza”.
Dado que casi todas las creaciones programadas son estrenos absolutos, nos cuenta que la selección no responde tanto a los proyectos como a los perfiles y admite que, en relación a otros años, en el eje de la creación joven es donde se concentran los artistas más próximos a lo coreográfico. “Los perfiles de la gente que viene de danza son muy solventes. Hace 20 años mirábamos a Barcelona con envidia, pero eso ya no es así. Ahora hay aquí más efervescencia. Tiempo atrás, cada año se repetían los nombres de siempre porque habíamos muy pocos. Y yo creo que eso tiene que ver con que en Madrid la formación en danza contemporánea empezó muy tarde y es ahora, cuando ya hay varias generaciones, que vamos viendo los frutos”.
En cualquier caso sería inútil y contrario a la naturaleza misma de Surge Madrid encasillar las propuestas. No obstante, ofrecemos una selección de diez obras que parecen posicionarse más cerca de los lenguajes vinculados al movimiento.
Diez de Surge
UNO. Baila, baila pegamoide, de La Peatonal (Sala Cuarta Pared. 08 y 10 de octubre). Con dirección de Jaime Cano y coreografía de María Quero, es obra de danza teatro que dialoga con la crisis de coreomanía de la Edad Media.
DOS. La importancia de llamarse Candelaria, de Acerina Amador y Fernando López. (Replika Teatro. 01 y 02 de octubre). Aborda asuntos como la hiperturistificación de las Islas Canarias como un fenómeno de neocolonialismo, desde la celebración popular de la fiesta de la Virgen de la Candelaria.
TRES. No estamos aquí para bailar, de La Basal. (La Mirador 10 y 11 de octubre). Bailarines y coreógrafos, Rocío Barriga y Sergio R. Suárez, definen su creación como “una invitación a pensar la danza no sólo como resultado sino como una práctica viva que se construye y se comparte en el presente”.
CUATRO. Nuestra ausencia amarga, de El Curro DT. (Pradillo. 03 y 04 de octubre). Un homenaje a los cientos de españoles que tuvieron que emigrar a raíz de su derrota en la Guerra Civil es el punto de partida de la nueva propuesta de Alberto García para su compañía con sede en Chueca.
CINCO. Pajarito, de Alberto José Lucena. (Pradillo. 08 y 09 de octubre). Se trata de un cuento que nunca acaba inspirado en un dicho popular infantil, “un dispositivo escénico que, a partir de la repetición, se ramifica y transforma los significados”.
SEIS. Rincones, flores y danza. Tejido conectivo (Centro del Títere. 11 de octubre). Este colectivo conformado por Mamen Agüera, Aee Wen, Paloma Pérez-Rojsa y Kohei Naka nos propone “un paseo cercano y tranquilo contando la historia de las cosas que se mueven, los ritmos de la ciudad, el movimiento de las hojas, de los árboles, de las faldas…”.
SIETE. Fracasar nunca fue tan sexy, de Cristián González (La Mirador. 03 de octubre). Narra la peripecia de un cuerpo diseñado para agradar, “un cuerpo que se transforma, se desplaza, se resiste. Un cuerpo que muta ante la mirada ajena y colapsa en un juego de opuestos”.
OCHO. Si esto fuera. Colectivo La nevera (La Mirador. 03 de octubre). Andrea Domingo dirige este trío femenino en que se desarrolla desde “la palabra que se baila, la canción que no se canta, el baile que baila un baile y el baile que canta”.
NUEVE. Cuerpo no cuerpo, de Corpo Liminal (La Mirador. 10 y 11 de octubre). Ana Erdozain y Alba González proponen una instalación que investiga el cuerpo desde otra lógica, “una propuesta que se sitúa en el cruce entre la imagen, el texto y el sonido”.
DIEZ. En dedans. Compañía La abandonda (25 de septiembre, 08 y 10 de octubre. Varias salas). Nat Rybalaygua ofrece una acción performativa desde la figura más antagónica y opuesta a las artes vivas como podría ser una bailarina de ballet en puntas.




