La Bienal de la Danza de Venecia, bajo dirección de Wayne McGregor estará celebrándose hasta el 01 de agosto y otorga este año el León de Oro a la compañía aborigen australiana Bangarra Dane Theater y el de Plata a la activista sudafricana Mamela Nyamza

Si se pregunta al azar, muchísima gente coincidiría en que el foco y centro neurálgico de la danza contemporánea se ha concentrado histórica y geográficamente en Nueva York y París, y de alguna manera en el inconsciente colectivo occidental aún pervive la idea de que Estados Unidos y Europa han sido y siguen siendo ese foco. No es una sospecha descabellada porque hay grandes y relevantes aportaciones que han venido, justamente, de creadores europeos y americanos.

Lo que hoy no parece tan claro es que ese centro haya sido único e inamovible. Hay artistas y compañías que, desde hace mucho y de forma quizá discreta, han venido cambiando las reglas desde lugares menos centrales del sistema, y hoy las grandes instituciones internacionales empiezan a dibujar un mapa más complejo para desvelar y poner en valor y vigencia otras voces que estaban allí pero nadie parecía (o quería) escuchar.

De lo más ilustrativo resulta que este año la muy prestigiosa Bienal de la Danza de Venecia, que se estará celebrando hasta 01 de agosto próximo, otorgue sus dos relevantes premios a una compañía que defiende desde la contemporaneidad los valores de la comunidad aborigen australiana como Bangarra Dance Theater, que recibirá este verano el León de Oro, y una coreógrafa lesbiana sudafricana que cuestiona el ballet clásico y aborda asuntos de género como Mamela Nyamza, que se hará con el codiciado León de Plata.

La bienal veneciana es un referente de mucha envergadura para el mundo y el creador británico Wayne McGregor, agotando sus días como director artístico de esta trascendente plataforma, lo sabe perfectamente. Pero sus leones no han premiado países, naciones ni nacionalismos, estrellas ni mainstream. Sus leones han rugido en otras selvas y han condecorado maneras distintas de entender y hacer la danza. Y eso es valor añadido.

En el histórico de leones de oro, que destacan una trayectoria, lo han recibido Merce Cunnigham (1995), Pina Bausch (2007), Jiri Kyikán (2008) o William Forsythe (2010) y en los de plata, que destacan la labor de artistas emergentes, lo tuvieron Anne Teresa de Keersmaker (2010) o Michele Di Stefano (2014). ¿Quién podría cuestionar estos galardones?…

El mismo McGregor no es quien los cuestiona pero está claro que sus decisiones no atienden el dictado del star system y abren el abanico, no solamente geográfico, sino atendiendo a la trascendencia allí donde se produzca y sin importar cuánta fama y celebridad acumulen sus hacedores. Premió a Germaine Acogny, la considerada madre de la danza contemporánea africana. Miró hacia China y quiso reconocer a Tao Dance. Vio en nuestra danza el valor del Nuevo Flamenco y condecoró a Rocío Molina. Y de Estados Unidos, tuvo a bien reconocer las aportaciones de un artista tan en la periferia del mainstream como Trajal Harrell.

Bangarra Dance Theater

Dos visiones de lo mismo

Bangarra Dance Theater, fundada en 1989, es un peculiar proyecto de danza moderna que intenta remontarse a tradiciones de hace 40.000 años. Impulsada internacionalmente por Stephen Page y hoy bajo dirección de Frances Rings, este colectivo intenta fusionar la danza heredada por tradición de los aborígenes australianos con nociones de danza contemporánea, en una asombrosa mezcla a medio camino entre lo antropológico y lo escénico, la cultura aborigen y la cultura occidental. En Venecia este verano se producirá el estreno de Terrains, los días 25 y 26 de julio en el célebre Teatro Malibrán veneciano.

Mamela Nyamza se ha esmerado no ser una coreógrafa africana, un término a día de hoy muy vinculado al exotismo, sino una creadora con inquietudes sociales del mundo actual, que luce un pensamiento corporal que hunde sus raíces en la memoria, desde donde ha abordado cuestiones de género. A través de la gestión de la plataforma Äfrica Moment pudimos conocerla en Cataluña. Visitó el Mercat de les Flors, de Barcelona en 2021 con su contundente propuesta Black Privilege y en 2024 llevó al Festival Temporada Alta de Girona su obra más emblemática Hatched Ensemble. “Crear un ballet desde una perspectiva africana es muy distinto a cómo se hace en occidente… para nosotros la danza tiene algo ancestral, los pies no van en puntas sino que golpean la tierra con furia como lo hacen los tambores”, nos dijo durante su visita. En Venecia estará estrenando The Herd/Less los días  19 y 20 de julio, en el Piccolo Arsenale.

Si algo une a Bangarra Dance Theater y a Mamela Nyamza es que ambos discursos parten de tradiciones locales pero huyen del folclor y el exotismo. La identidad, una palabra que salta rápidamente cuando hablamos de compañías no occidentales, no es el tema de sus obras sino un punto de partida. Bangarra no hace piezas sobre la cultura aborigen australiana sino que hace coreografías que parten de una cosmovisión aborigen. Nyamza está muy lejos de ser la voz de África. Habla desde un cuerpo femenino inequívocamente africano, con todo lo que ello conlleva, y desde allí cuestiona lo mismo que se está cuestionando el humanismo en momentos actuales de incertidumbre frente a asuntos que se han vuelto  candentes como género, raza, cuerpo normativo, feminismo, violencia, sexualidad, colonialismo…