Madrid, 15 de octubre de 2026
Raras veces una coreografía remueve las emociones como Revelations, de Alvin Ailey. Toda la fuerza, resiliencia, devoción y espiritualidad de la cultura aforoamericana queda expuesta con tanta elocuencia y belleza que conmueve a cualquier ser humano, sea aficionado o no a la danza, blanco o negro, joven o anciano, religioso o ateo, norteamericano o foráneo… Su grandeza reside en que sabe exaltar la grandeza del espíritu. Y ese es un tema que no tiene fecha de caducidad. Por eso, a pesar de haber sido estrenada en 1960 sigue vigente, igual de bella y emocionante como el día de su estreno. Así quedó demostrado anoche en el Teatro Real, de Madrid, en el debut de la Alvin Ailey American Dance Theater, hoy bajo dirección de Alicia Graf Mack, que tendrá funciones allí hasta el domingo próximo.
Revelations no es narrativa pero en sus tres cuadros (Sufrimiento, Bautismo, Celebración) ilustra y exalta los valores de la comunidad negra norteamericana. No hay que perder de vista que la fecha de su estreno coincide con el recrudecimiento del racismo en Estados Unidos y con los primeros intentos de reivindicación social de su comunidad afroamericana. No es una coreografía política, en tanto que su tema no aborda ni denuncia la problemática del segregacionismo, pero la misma naturaleza de la agrupación que Ailey acababa de formar era ya de por sí una declaración política: una compañía que recogía el talento de bailarines negros que no eran aceptados en sus intentos de ingresar a las grandes compañías americanas como el ABT o el New York City Ballet por ser negros.
La obra se alza como una evocación de la herencia afroamericana, que propone un viaje espiritual desde la devoción hacia la celebración. Se centra en el poder emocional y se desarrolla desde una estructura y perfección formal, en la que quedan claramente expuestas las directrices de la danza de Ailey, que sorbía de Lester Horton, su maestro, y Martha Graham, pero también de la herencia dancística afroamericana. Todo se despliega a ritmo de un góspel emocionado, destacando momentos estremecedores como el trío maravilloso del segmento Wade in the Water, el solo I wanna be ready, bailado anoche con verdadera perfección y profundidad emocional por Christopher L. Wilson o la festiva sección coral amarilla, la del grandioso final de celebración de esta coreografía que arrancó ovaciones del público madrileño.

Un solo emotivo
También en el programa de anoche el emotivo solo Cry (1971), un homenaje de Ailey a su madre, una mujer sufrida que fue violada por blancos, y que fue originalmente bailado por Judith Jamison, su musa del momento y la impulsora de la compañía durante veinte años después de su muerte. Estructurada en tres partes, Cry concentra toda su fuerza y belleza en una única bailarina que, en un escenario desnudo, debe cruzar los estados emocionales de tres piezas musicales muy distintas (Alice Coltrane, Laura Nyro y Chuck Griffin), en una coreografía de muy difícil ejecución solventada desde una belleza formal que acusa muy especialmente la influencia de Martha Graham. Asumió el reto anoche la muy versátil bailarina Jaqueline Harris, que supo abordar las dificultades interpretativas con acierto pero sobre todo, las exigencias emocionales de este solo tremendamente emotivo, que fue tan importante y personal para su autor.
A pesar de su explícita belleza, Night Creature (1974), la tercera pieza de Ailey en el programa, con música de Duke Ellington, acusa el paso del tiempo. Es una pieza complaciente y bonita, muy coral y abstracta, que responde a los códigos de cierta tradición del neoclásico norteamericano con sus trajes brillantes, su gesto abstracto, y su énfasis en la composición y la musicalidad de los cuerpos, que replican con precisión la música de Ellington, un compositor al que Ailey recurrió en no pocas ocasiones, siendo mucho más destacable y eficaz en su coreografía The River, que montó por encargo para el ABT, en 1970.
Finalmente, Grace, también con música de Duke Ellington pero con coreografía encargada a Ronald K, Brown (montada en 1999, con nueva producción de 2024), el que fuera el relevante director de la compañía Evidence, y un artista fundamental en la danza afro-diaspórica, que combinaba la estética afro de la danza norteamericana con los vocabularios de las danzas de África Occidental. Al igual que Ailey, aborda también la espiritualidad pero desde una puesta en escena muy rítmica y potente, en la que ángeles vestidos de blanco vienen a ayudar a los que han perdido la gracia de dios, vestidos de rojo, que son reconducidos hacia la salvación, que llega con un tono menos festivo y más recogido a su gran final, ahora con todos de blanco.




