Roberto Oliván, director de Vèrtebra Dansa: “Hay que convencer a los artistas de que esto es visceral”

Tortosa, 24 de julio de 2026

El Festival Deltebre Dansa ha hecho un cambio relevante este verano. Se ha mudado a Tortosa y ha cambiado su denominación a Vèrtebra Dansa, pero en su nuevo enclave mantiene su tradicional carpa, su formato, intenciones y afán de crecimiento e innovación. Avalado por más de dos décadas de permanencia en Terres del’Ebre, su director Roberto Oliván reflexiona sobre las nuevas generaciones y el futuro de la danza.

Cruzando ya su ecuador, la nueva entrega de esta cita encara la recta final de una edición que va mucho más allá de la mera exhibición artística. “Además de la función de un proyecto artístico, creo que es el componente social lo que realmente vertebra todo el engranaje que hay detrás de esto”, afirma con rotundidad Roberto Oliván, coreógrafo, bailarín y director artístico de este evento, que como siempre ha jugado a un equilibrio entre la formación y la exhibición de espectáculos. 

A lo largo de estas jornadas se ha hecho evidente un contraste llamativo en la actitud de quienes acuden a los talleres pues, mientras que en el ámbito profesional afloran ciertas inercias y contradicciones, en los cursos dirigidos al público general está surgiendo un acercamiento a la danza mucho más genuino, fresco y entregado que el que presentan los participantes más experimentados.

Una brecha que quedó al descubierto de forma clara durante la clase impartida esta misma mañana por Yasser D’Oquendo que, en un momento de la sesión, dividió a los participantes en varios grupos para practicar la secuencia coreográfica. Sin embargo, mientras unos bailaban, los participantes que esperaban su turno fuera de la escena no prestaban atención a sus compañeros ni se mantenían conectados con el trabajo de la sala, ocupándose de grabar con sus teléfonos móviles, algo que D´Oquendo confrontaría, cuestionando la finalidad del proceso si todo terminaba reduciéndosea obtener vídeos rápidos para publicar en redes sociales.

“Hay una sensación común de que tienes que convencer a los futuros artistas de que se acuerden de que hay pasión y que todo esto es visceral”, expresa Oliván respecto a un asunto que ya forma parte de sus conversaciones recurrentes con el resto del profesorado. “Que esto ocurra en un taller es grave. Si a los que van a tirar de la cuerda les tienes que enseñar o recordar que tienen que tirar de la cuerda, tenemos un problema”.

peque Roberto Oliván por Noa Wu en Vetebra Dansa
Roberto Oliván, baila en la inauguración de Vèrtebra Dansa

Lo más auténtico

En un contrapunto revelador, esta aparente falta de compromiso en las aulas profesionales choca frontalmente con la energía que se respira en los talleres del Espai Viu, una de las novedades que trae este año el Festival. Bajo la Carpa Xirin instalada en el Parque Municipal Teodoro González, de Tortosa, se establece un espacio vivo que, de la mano de profesionales como Anna Hierro, Laura Ibáñez, Marc Adell, Valentin Rodríguez o Alleyne Dance, busca acercar el movimiento y la danza por primera vez a la población local.

Profesoras del programa han comentado que es precisamente en estas sesiones abiertas donde está ocurriendo lo más auténtico del festival, rescatando una pasión compartida que, a veces escasea en los circuitos reglados. “Tienen mucha menos técnica, creen y dicen que no entienden el mundo contemporáneo y sin embargo están siendo la gente más contemporánea del momento, con el compromiso, con la pasión, con la vibración”, apunta Oliván. 

Esta vibración conecta directamente con las nuevas corrientes que el festival busca incorporar y que mantienen constantemente la atención de su director. “Otra de las cosas importantes que considero siempre en el festival es no perder de vista qué está pasando en la innovación, en las nuevas tendencias. Por ejemplo, las danzas urbanas y todo lo relacionado está entrando con una fuerza brutal”.

En esta línea, el creador defiende la firme necesidad de conectar con las nuevas tendencias y de integrar las danzas urbanas dentro de la programación para mantener un diálogo directo con los lenguajes contemporáneos más actuales. “Lo que está pasando con los adolescentes de hoy en día es que sí o sí están consumiendo ese tipo de arte. Me gusta añadirlo a lo que hacemos aquí para que sigamos creciendo de cara al futuro sin abandonar lo que creemos que es importante ya como esencia de contenido”.

Esta constante búsqueda de renovación le impulsa también a plantearse preguntas de fondo sobre el sentido real de las artes escénicas en la actualidad y sobre el desgaste del formato escénico convencional. “Empiezo a preguntarme qué significado tienen los espectáculos hoy en día en el formato convencional. Por eso también estamos haciendo cosas de calle y empezando a pensar en qué formato podría incluso funcionar mejor”, afirma el coreógrafo, convencido de la urgente necesidad de habitar otros lugares comunitarios.

En definitiva, las vivencias y situaciones dadas en la primera mitad de esta cita estival invitan a mantener una escucha sumamente atenta frente a un panorama artístico y social que exige a quienes lo conforman mantener la máxima flexibilidad y capacidad de adaptación.

“No estamos en un momento en que las cosas estén claras o estáticas, sino en un momento de movimiento, de cambios, y en el que todo el mundo está a la expectativa”, concluye.