Barcelona, 25 de julio de 2026
La compañía londinense del creador israelí Hofesh Shechter ha regresado a Barcelona. Su pieza Theater of Dreams ha sido recibida un par de noches por el público en el Mercat de les Flors, dentro de la oferta del Festival GREC en la celebración de sus 50 años.
Ni una sola de las personas que anoche han aplaudido a rabiar, platea entera en pie, al finalizar la función de Theatre of dreams del coreógrafo Hofesh Shechter, habrá pasado en los últimos meses (o quizás años) por tanta intensidad. Una descarga eléctrica de alto voltaje, protagonizada por los doce bailarines de la compañía británica y tres músicos en escena. Nada parecido a lo experimentado en esta obra que se presentaba en el Festival Grec de Barcelona 2026. Energía pasional y manos elevadas, marca de la casa, en una fiesta del movimiento que ha demostrado, una vez más, la elegancia y prestación del grupo, en el que resultaba innecesario preguntarse si alguno de sus intérpretes destaca por encima, porque es imposible viendo un elenco incansable y explosivo como este.
Una excelencia que se une a una escenografía muy sencilla y que juega con diversos grupos de cortinas que se abren y cierran insistentemente. Con un juego de luces preciso, mayoritariamente cenital, que persigue realzar el gesto, el esfuerzo, la tensión danzada y la explosión potencial. Participación del público incluida, en un breve fragmento. Entradas y salidas en escena inimaginables, por la velocidad de esos bailarines, pero también los músicos, que en juego colectivo simulan las puertas abiertas del inconsciente: ese túnel de posibilidad, de acceso, hacia lo más oculto de la personalidad humana. Una inmersión en el mundo de los sueños, sus fantasías y deseos, que el mismo Dalí hubiera disfrutado como nunca, por su alto contenido sensual y la locura compositiva. Todo ello aliñado con música folk, hip-hop y discotequera, mucha de ella composiciones del propio Hofesh.

Por supuesto que el espectáculo, en su conjunto, resulta un poco repetitivo, pero decir esto sería no conocer los trabajos del coreógrafo. También es verdad que en lo narrativo, aun poniendo mucha imaginación, las imágenes que recrea siempre se acaban difuminando, ocultas tras la apasionante descarga visual. Hasta incluso podríamos objetar algunos apriorismos, como la misma temática que quieren explicar y su punto de partida.
Pero todo esto no es importante, porque el público barcelonés buscaba, añoraba, reclamaba piezas como esta: un exceso. Fuera de toda lógica de lo que nos parecería que un cuerpo puede bailar. Visualmente en la línea del agotamiento mental.
Es, sin temor a errar el juicio, uno de los espectáculos más bien dibujados de los últimos meses, en el que se baila y mucho durante todo su desarrollo. Frente a lo que solo se puede hacer una cosa: si a usted le gusta la danza, le recomendamos que no se lo pierda.



