Tortosa, 28 de julio de 2026
Con la nada desdeñable cifra de 6100 espectadores el Festival Vétebra Dansa cerró el pasado domingo su primera edición, que no es en rigor la primera, pues esta fiesta escénica dirigida por Roberto Oliván sustituye, ahora en Tortosa, el festival Deltebre Dansa, que estaba ya plenamente consolidado a orillas del Ebro.
Las luces de la carpa se han apagado y las calles de Tortosa recuperan paulatinamente su ritmo habitual, pero en el ambiente aún se respira la energía derramada por la primera edición del Festival Vèrtebra Dansa. Han sido jornadas intensas donde la creación contemporánea ha tomado la capital del Baix Ebre, consolidando una propuesta que, lejos de establecerse como un mero estreno, ha demostrado ser la evolución natural y madura de lo que fue Deltebre Dansa, un proyecto con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas.
“Ahora las necesidades del festival son ligeramente diferentes y las necesidades del municipio (Deltebre) son otras también y parece que esa sintonía de estar en el lugar correcto ha variado”, confiesa Roberto Oliván, director del Festival celebrado hasta el año pasado a orillas del Delta del Ebro. Tras sentir que se había completado una etapa, el regreso a Tortosa, donde empezó todo, no solo representa un emotivo retorno a sus orígenes sino la búsqueda de una infraestructura capaz de acoger la nueva realidad social y cultural del territorio.
Y es que Vèrtebra Dansa nace precisamente con la vocación de articular y vertebrar el potencial social de las artes escénicas, algo para lo que Tortosa ofrece un marco patrimonial y logístico único, capaz de conectar la excelencia internacional de la danza y el circo con una mayor apertura al público local, todo ello sin perder la cercanía y el alma comunitaria que siempre han caracterizado a la firma de Oliván.
Las veladas programadas los pasados 23 y 24 de julio, que fueron las de cierre, ofrecieron momentos de altísima intensidad, tanto a nivel dramático como físico. Por un lado, la emblemática Plaça de l’Absis de la Catedral se convirtió durante la tarde del jueves en un escenario al aire libre repleto de matices abriendo con la pieza Moviola de Anna Hierro, un ejercicio nostálgico y magnético que atrapó la atención del público mediante un uso inteligente de la repetición y el ritmo visual.

Noche solidaria
Acto seguido, Marie-Louise Hertog presentó su Solo, una muestra de virtuosismo técnico y fragilidad interpretativa donde cada gesto de la bailarina parecía esculpir el aire con impecable precisión. Para cerrar la tarde en la plaza, la Cia. LaCerda desplegaría El baile de la zurda, una propuesta descarada y llena de fuerza expresiva que contagió una energía visceral al público allí congregado.
Ya por la noche, una Carpa a rebosar de público presentaba la esperada Noche Solidaria y del Circo ofreciendo un espectáculo multidisciplinar deslumbrante. Bajo la batuta del carismático maestro de ceremonias José Luis Redondo, el programa combinó números circenses de alto nivel técnico con un profundo sentido de sensibilidad comunitaria y compromiso social de la mano de artistas como Marica Marinoni, Chris & Iris, Yvonne Smink, Emiliano Alessi, Teo Martín y Cia. Pakipaya.
La jornada del viernes mantendría el listón en lo más alto arrancando en las faldas de la Catedral con la Compañía OtraDanza y su Vacío, un dueto conformado por Asun Noales, directora de la agrupación valenciana, y Sebastian Rowinsky, caracterizado por la plasticidad con la que los cuerpos de los intérpretes habitan un espacio envuelto en tierra dibujando tensiones visuales fascinantes ante el imponente fondo del gótico templo.
La noche en la carpa culminaría con su Open Stage Night, una batalla entre artistas provenientes de las danzas urbanas como Damond, Panda Waak, Killa OneShot, BBoy Issue, B-girl Guess y Nahuel Barrios. Conducida por Álvar Habla este duelo artístico terminaría convirtiéndose en un escaparate de frescura, innovación y talento emergente con la invitación a escena de algunos de los espectadores presentes en la cita.
Con el apagado de las luces en la gran carpa y en los rincones de la ciudad, Tortosa confirma que la apuesta por acoger el nuevo proyecto de Roberto Olivan ha sido un acierto rotundo, algo que respaldan los más de 6100 espectadores presentes a lo largo de la semana. Un Festival que ha echado raíces firmes en su nueva casa, demostrando que el arte del movimiento sigue siendo el mejor conector posible para el territorio.






