Ángela Verdugo, en 'Mata baja'

Ángela Verdugo celebra los 20 años de La Siamesa bailando lo que a ti se te ocurra

Madrid, 05 de agosto de 2026

Mañana, a las 20h en la Plaça dels Tarongers (Plaza Mossén Vicent Gil Tamarit), de Sagunto, la bailarina y creadora Ángela Verdugo estrenará en el marco del Festival Sagunt a Escena ‘La bailarina a la carta’, la pieza con la que celebra el vigésimo aniversario de su agrupación valenciana La siamesa.

Ángela Verdugo estrena su nueva pieza mañana en el marco del Festival Sagunt a Escena y a esta hora no sabe lo que va a bailar. La situación, del todo inédita, la ha provocado ella misma, pero la ocasión era especial y consideró que su público también merecía algo especial en la celebración de los veinte años de su agrupación valenciana La siamesa.

La bailarina a la carta, título perfectamente descriptivo de lo que va a ocurrir mañana, es una pieza sencilla y tremendamente compleja a un tiempo. Ángela Verdugo se presenta, los asistentes le dicen la canción o tema que les gustaría que bailase y ella, solícita, los complacerá. Es consciente del riesgo. Sabe que le puede caer un rock heavy, una canción cursi del verano o un tema machirulo de reguetón.

“Nunca hice una pieza de calle y me decanté por lo de siempre, por la improvisación, porque mis piezas más que piezas han sido derivas coreográficas, y me parecía bonito otorgar un poder al público, aunque reconozco que es un reto porque hay un aspecto incontrolable. Para montarla pedí a un montón de gente muy distinta que me enviran las canciones de su preferencia y salió una lista de lo más marciana, con la que he venido trabajando. La he utilizado para sorprenderme pero la realidad es que tiro de mis 41 años bailando. Hacía tiempo que no tenía tanto vértigo ante un estreno pero el chute de energía era también necesario en este momento”.

«Siento esa doble obligación, la de participar del debate político y al mismo tiempo construir sociedad a través de mis piezas»

Ángela Verdugo

Si echa la mirada veinte años atrás ¿qué cree que ha caracterizado a La siamesa?

Creo que el enfoque de las piezas, en las que el movimiento surge de una pregunta, de una necesidad comunicativa y nunca de una idea ya estructurada.  Ese es el motor, si no hay ese conflicto no le encuentro sentido a meterme en el estudio.

Se formó en clásico en el Conservatorio de Valencia pero terminó en el polo opuesto…

Empecé mi carrera a los 14, me gradué en 1998 y bailé clásico hasta los 17. Lo dejé porque se me quedaba corto, eran siempre variaciones sobre lo mismo, por lo que exploré el contemporáneo a la mano. Hice Graham y Limón, hasta que me acerqué al contact y la improvisación, y descubrí un campo inmenso e inagotable… entre mis referentes recuerdo un curso con Julyen Hamilton en el que nos hablaba del momentum y de no pensar, que debíamos pensar mientras hacíamos. Katie Duck me marcó mucho y también un taller con Steve Paxton.

Antes de su propio proyecto bailó para el de otros, en compañías como Taiat o Las de Caín…

Entraba como intérprete para otros, me metía en su partitura y entonces no podía evitar fantasear con la mía, en llevármelo todo a otro lado, y entonces entendí que mi necesidad de comunicar era más grande… con La siamesa encontré una manera propia de crear porque para mí una coreografía me lleva a implicarme en todas las capas: la luz, el sonido, la composición, la dramaturgia, el vestuario… todo.

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Ángela Verdugo, en ‘Lithium’ / Foto_MERCEDES HERRÁN

¿Por qué se llama La siamesa?

Yo siempre me he sentido muy bipolar, en lo racional con las cosas muy claras pero en lo emocional me ha costado digerirlo. También porque en escena ves a una persona pero se trata de una labor siempre de equipo.

Su trilogía ha tardado mucho en materializarse. Creó Anormal, la oveja errante en el 2017, SC_Santa Cultura en el 19 y Mata Baja, en el 24… ¿Cómo el espectador puede sentir la conexión entre las tres?

A través del diálogo madre-hija de la primera, que la hice porque tener una hija te hace revisar y repensar tu propia biografía, luego la necesidad de recuperarme como bailarina en la Santa Cultura, en la que analizaba cómo me veía yo entonces dentro del entramado cultural y vuelta al diálogo en la última.

¿Y cómo se ve ahora en ese mismo entramado de la cultura?

He tenido esa vena sindical que me ha llevado a la presidencia de la Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad Valenciana (APDCV) desde 2013 justo durante las consecuencias de la crisis económica del 11. Descubrí una manera de entender los mecanismos y de luchar nosotros mismos por lo nuestro. Y sigo en la política, ahora también en lo estatal, trabajando en el Estatuto del Artista. Siento esa doble obligación, la de participar del debate político y al mismo tiempo construir sociedad a través de mis piezas, pero es incómodo, no te creas…