San Sebastián, 18 de agosto de 2026
Por vez primera La Quincena Musical de San Sebastián, celebrando su 87 edición estos días, ha subido a su cartel a Eva Yerbabuena como parte de su programación de danza. Lo ha hecho con su propuesta de 2023, Yerbagüena (oscuro brillante). Seguimos ayer la pista del paso de la artista grandina por Donostia, desde su encuentro con la prensa por la mañana hasta su fulgurante presentación por la noche en un abarrotado Teatro Victoria Eugenia, que se rindió a su hechizo.
“Cada vez que enfrento un nuevo espectáculo pienso en todo lo que ya he bailado, un poco para no repetirme, pero en este caso he querido que sea un abanico amplio que abarque toque, cante y baile, que haya seguiriyas, soleás, alegrías… quería que fuese muy amplio”. Así explicaba la creadora y bailaora Eva Yerbabuena ayer por la mañana en rueda de prensa su espectáculo Yerbagüena (oscuro brillante) que ha supuesto su debut en La Quincena Musical de San Sebastián celebrando su 87 edición estos días. Y por la noche, sin palabra alguna, nos lo bailó y zapateó en un repleto Teatro Victoria Eugenia, especialmente generoso en aplausos y vítores.
Yerbagüena supone, de alguna manera, una mirada a lo hecho y bailado en los diecinueve espectáculos de su compañía pero ahora desde la mentalidad de una artista experimentada y veterana que cuando era más joven zapateaba enérgica en un alarde de virtuosismo y hoy usa el mismo zapateo y la misma energía no ya como una demostración sino como recurso expresivo. Y aunque parezca una diferencia sutil, eso marca una distancia y un avance, especialmente en lo conceptual. Quizá esta madurez fue la que impulsó al jurado que le otorgó en Reino Unido el año pasado el Laurence Oliver Award, máxima distinción de la Society of London Theatre. Y hace apenas unos meses, la artista asumía el complejo rol principal de la Medea, del maestro Granero, como estrella invitada del Ballet Nacional de España (BNE).
El punto de partida de Yerbagüena pretende acortar diferencias entre contrarios. “No ha sido fácil este espectáculo. Nació hace ya tres años de ideas y sentimientos muy contradictorios pero que si los analizas, luego no lo son tanto: oscuridad y luz, flexibilidad y rigidez, tradición y contemporáneo… he reflexionado sobre ideas como que la luz no siempre resultó ser algo bueno, porque hay gente que no la da sino que la roba, y te quita la energía”. Quizá por ello predomine la oscuridad en esta propuesta de riguroso negro con apenas puntos de color, pero la idea es apenas la arquitectura porque en realidad no hay un tema concreto más allá del flamenco mismo. No del baile, y esto es importante, sino de la conjunción que supone el todo, esa unión arrebatadora de baile, cante y toque.

Escucha el flamenco desde la danza
La bailaora aparece así flanqueada por seis músicos, todos varones, que se alternan el rol protagonista casi que a partes iguales aunque a veces parezca que todo se centra en ella. “A la gente le cuesta ir a un concierto de cante y música flamenca, lo encuentran muy difícil y yo creo que a lo mejor es más fácil escucharlo desde el baile. Y para bailar me interesa mucho el cante porque es lo que a mí más me conmueve”, nos decía para justificar la presencia de los tres cantaores que le ponen voz a su cuerpo: Miguel Ortega, Segundo Falcón y Manuel de Ginés, pero también hay intervenciones notables de Daniel Suárez en la percusión y ese gran momento de guitarra por Paco Jarana, responsable de lo sonoro en la propuesta y un músico totalmente indisociable a Yerbabuena.
“Paco ha sido el padre de mis hijas, los dos proyectos más importantes de mi vida. Y lo encuentro especial no porque sea mi marido sino porque es un músico que se ha dedicado toda la vida a crear para danza y siempre lo dice, es el lugar donde está más cómodo. Yo siento que me entiende, que sabe lo que necesito y conoce mis inquietudes”.
En la propuesta, Eva Yerbabuena abunda en momentos de fiereza absoluta y pureza del baile flamenco, un reto de resistencia y resiliencia con el que solventa cuatro cuadros muy diferenciados en espíritu y energía, con momentos estelares que arrancaron aplausos espontáneos desde la platea. “Yo no valoro por los aplausos. Hay públicos que te ofrecen un silencio que corta la respiración y es algo que también aprecio mucho”, decía por la mañana esta granadina nacida en Alemania que anda ya por los 56 años.
“Cada vez que salgo a la escena pienso que puede que sea la última y yo no lo sepa. No es que piense mucho en el retiro pero es algo que va a llegar y está cerca. No estaré en el escenario pero seguiré estando, porque yo siempre voy a estar. Me gusta mucho crear, coreografiar”.

La Yerbabuena más contemporánea
Yerbagüena, sin ser un paso atrás, se alinea más con su pasado puramente flamenco que con sus espectáculos recientes, más propensos a una cierta dramaturgia, una teatralidad que aflora aquí de forma más clara en el tercer cuadro, quizá el más logrado de todos. Flanqueada por sus tres voces, en un espacio mínimo, la bailaora se hace más contemporánea. Tanto, que al inicio podría parecer salida de la escuela Graham.
Casi sin desplazamientos, con menos zapateo, mucho brazo, mucho giro y velocidad, en este segmento se posiciona en un lugar quizá reconocible para los que han seguido sus trabajos más recientes influenciados por colaboradores (no flamencos, es importante destacar) cuyas trayectorias hablan de sus vocaciones.
Con el creador vasco Juan Kruz, que viene de la compañía alemana de contemporáneo Sasha Waltz & Guests, hizo la muy visual y sugerente Re-fracción (desde mis ojos), en 2023 y un poco antes, en 2021, con aires reconocibles de la danza teatro, estrenó Al igual que tú, en la que colaboró de forma muy estrecha con Fernando Suels, el bailarín venezolano que fue un histórico de la compañía de Pina Bausch, coreógrafa por la que Yerbabuena siente gran debilidad y agradecimiento. Tanto, que su próxima creación, a estrenarse el año próximo, será un homenaje a esta prominente creadora alemana, para el que volverá a reunirse con Suels.
“Llevo años trabajando sola y de vez en cuando necesito compartir con alguien, invitar a un artista que me aporte otra mirada, que me haga ver cosas que yo no veo. Pero no es sistemático, esto surge por necesidad, así ha sido siempre”.
Lo que si se evidencia en Yerbagüena es lo que ya podría catalogarse como un sello de la casa: la necesidad de moverse por las emociones. Es un rasgo común a todas sus obras, desde las más tempranas. “A mí de El Principito se me quedó una frase: ‘Lo esencial no es visible al ojo’. Trato de crear para que se sienta. No se trata de crear por crear. Yo necesito que haya sentimientos y es algo que ha ido creciendo a lo largo de los años. Eso es esencial e imprescindible en mi propuesta, sobre todo en estos tiempos que vivimos. Entender es posterior, lo primero es conmover”, concluye.






