La nueva dirección artística del Festival Montpellier, conformada por un equipo creativo, se estuvo celebrando entre el 20 de junio y 04 de julio ha mostrado solvencia y continuidad de una de las citas con la danza más relevantes y prestigiosas no solo de Francia sino de Europa, donde es referente. Por allí estuvimos y estas impresiones nos hemos traído…

Se dice pronto, pero el Festival de danza de Montpellier ha cumplido 46 años en esta edición. El año pasado falleció su padre espiritual, Jean-Paul Montanari, que dirigió el festival desde 1982 a 2024. Montpellier es la gran cita de la danza francesa junto a la Biennal de la danse de Lyon y, aunque más pequeño, los Rencontres Chorégraphiques Internationales de Seine-Saint-Denis (al que este año han acudido La Ribot y La Pharmaco de Luz Arcas).

El año pasado el festival de Montpellier comenzó nuevo proyecto dirigido por un cuarteto, la coreógrafa Jann Gallois (que proviene de la danza urbana), Dominique Hervieu (coreógrafa que comenzó carrera con el valenciano José Montalvo y que ha dirigido grandes proyectos nacionales como el Teatro Nacional de Chaillot y la Biennale de Lyon), Pierre Martínez (gestor especialista en la transformación de grandes estructuras culturales) y Hofesh Shechter (coreógrafo británico a quien hemos podido ver Teatros del Canal con piezas como Grande finale o Double murder y este año estrenará pieza en el Grec de Barcelona.

El nuevo proyecto ha fusionado el Centro Coreográfico Nacional de Montpellier y el festival. El centro tiene nuevo nombre: Agora, Cité International de la danse. Y es hoy el centro neurálgico del festival. El festival comenzó con un espectáculo llamado Histoires de danses.

MONTPELLIER
HISTOIRES DE DANSES

46 años en minutos

Fue un inicio muy definitorio. Histoires de danses es un evento que recoge la memoria del festival y está pensado con una clara política de públicos. Durante más de dos horas los espectadores asisten en diversos espacios de la sede del festival, un antiguo convento de ursulinas del siglo XVII, a difertentes “momentos”. Extractos de entre 15 y 30 minutos de piezas o artistas que han sido fundamentales en la historia del festival y otras que son presentación de los nuevos directores.

Lo primero que se puede transmitir, como español, es la envidia. Montpellier es una ciudad medieval, universitaria, hermosa, pero que no se encuentra entre las diez más pobladas de Francia (310.000 habitantes). Pero su sede de danza, su estructura, sus espacios y la solidez y antigüedad de su gestión es algo que para un español es directamente extraterrestre.

Qué bueno hubiera sido que el nuevo director general de Artes Escénicas y Música del INAEM, Javier Monsalve, pudiera haber asistido a este comienzo de festival para que hubiera podido ver hasta qué punto es necesario en España una sede nacional para la danza. Pero (sic) quizá nuestros ojos, dada la historia “democrática” de este país, no lo verán.

Durante el espectáculo los espectadores fueron conociendo los espacios del Agora, las salas de ensayo dedicadas a nombres como Bejart, Cunningham o Hideyuki Yano. En esta última sala, por ejemplo, el coreógrafo Fabrice Ramalingom habló al público de su trabajo con Trisha Brown, de sus dibujos performativos en los que la coreógrafa, con Cage y Dunn a la cabeza, dibujaba el rastro de su cuerpo con tiza en el suelo. Un dibujo de una de las piezas de Brown presidía la sala, Ramalingom hablaba y accionaba, dando a conocer, recordando, mientras una extraña emoción se adueñaba de los grandes ventanales de la hermosa sala.

La sede de Montpellier Danse, su estructura, sus espacios y la solidez y antigüedad de su gestión es algo que para un español resulta directamente extraterrestre.

También pudo verse un extracto de la pieza de Mathilde Monnier soapéra, recordada por muchos en el festival, un extracto hermoso y energético de la pieza de Hofesh Shechter, In the brain, con su nuevo elenco de Montpellier, o diez minutos de la última pieza de Jann Galois, Impulsion. Pequeñas píldoras llenas de presente y memoria que acabaron con un verdadero acto conmemorativo en el patio principal del Agora: la recreación de una de las piezas fundamentales de la nueva danza francesa de los años ochenta, El salto del ángel (1987), de  Dominique Bagouet.

Los bailarines de la compañía de este malogrado coreógrafo que murió de manera temprana y fue el cerebro impulsor de Montpellier Danse, con sus cuerpos ya viejos y luminosos, bailaron y ensancharon la coreografía. Momentazo que demuestra también la labor francesa por la transmisión y la herencia en la danza, algo que, otra vez, en España brilla por su ausencia.

MONTPELLIER
HISTOIRES DE DANSES,

Estrenos totales

En el primer fin de semana del festival también pudieron verse dos estrenos totales. Ulysse Marion, de Dimitri Chamblas y Cinq jours au soleil de Emanuel Gat. Impresionante puesta en escena de Emanuel Gat en la aún más impresionante Ópera Berlioz con esos 20 metros de boca y dos mil butacas. Un comienzo digno de Dune, con la 5ª sinfonía de Mahler, en esta danza que une diversos registros y da especial atención a la música y la luz. Gat es un coreógrafo conocido y apoyado por Montpellier. En esta pieza ha renovado su elenco y algo de eso mismo, del acto de renacer, tenía esta pieza que también es oportuno decir dejó sus claroscuros en un misticismo demasiado etéreo.

Dimitri Chamblas, sin embargo, se jugó su estreno al atardecer en el patio principal del Agora. Frente a la luna sus dos intérpretes, Marion Barbeau y Ulysse Zangs, transitaron entre lo contemporáneo y el clásico. Hermosa mezcla de registros en una pieza que respiraba esa especial relación entre la performance, el baile y la música de la Needcompany de Jan Lawers. Este coreógrafo que comenzó andadura con Boris Charmatz y que lo ha hecho todo (hasta una pieza con Kim Gordon de Sonic Youth) presentó una pieza bella, nostálgica y vibrante que seguro tendrá larga vida europea.

Un primer fin de semana donde Montpellier mostró músculo, con esa Ópera Berlioz llena a rebosar, con esa primera propuesta dedicada a la memoria, al contexto, a la vinculación y al público; y con la mirada también puesta en el presente. El festival tuvo un preludio el 11 de junio en el que David Coria estrenó Babel, torre viva, espectáculo que llega al Cervantes de Sevilla en septiembre, en el marco de la Bienal de Flamenco de la ciudad.