Madrid, 10 de septiembre de 2026
La Sala Negra de los Teatros del Canal ha acogido esta semana el estreno de Estoy enfadada, estoy rabiosa, la nueva y valiente propuesta de la coreógrafa Paloma Díaz al frente de La Permanente. Enmarcada dentro del ciclo Canal Baila, la obra parte de una vivencia tan íntima como colectiva: el exilio forzado de quien es expulsada de su propio hogar tras media vida habitándolo a causa de la voracidad de un fondo de inversión.
Lejos de acomodarse en la mera queja, Paloma Díaz transforma el desahucio en un objeto escénico multidisciplinar donde el cuerpo, la danza y el lenguaje audiovisual convergen para dar respuesta al drama de la gentrificación y la precariedad habitacional que todos los que habitamos las grandes urbes conocemos muy bien.
La pieza se despliega como un caleidoscopio cargado de texturas, donde las proyecciones en vídeo funcionan como un contrapunto orgánico y una pieza clave del relato. A través de muros que caen y edificios demolidos, la escena se impregna de una atmósfera tensa. Destaca un hipnótico videodanza rodado en una vivienda que evoca la estética de un plató almodovariano, espacio que la intérprete hace suyo envolviéndose en una alfombra para habitar sus recuerdos antes de que los fondos buitre intenten fumigarla como si de una plaga de insectos se tratase.
Díaz transita con soltura entre lo delirante y lo colérico. La presencia de un comercial ataviado con la característica corbata verde de una de las inmobiliarias más extendidas, contrasta con el grito sordo de manifestaciones grabadas donde se condena la especulación.

Vete a Guadalajara
Sobre las tablas, la bailarina realiza volteretas furiosas, se convierte en un péndulo humano incrustado en la pared y utiliza un pasillo rojo donde, armada con guantes y tacones, despliega una seductora ironía.
En una de las estampas más potentes, linterna en mano, crea un juego de luces directo sobre las lentejuelas de su vestido, para luego intentar practicar yoga sobre bombonas de butano, en un esfuerzo casi trágico por mantener la calma y encontrar un atisbo de paz ante una realidad que se resquebraja por momentos.
El impacto emocional de la obra se consolida con el uso de testimonios reales. A lo largo del espectáculo resuenan las voces de personas expulsadas de sus casas, obligadas a desplazarse a la periferia y a alejarse de la ciudad que un día sintieron suya. Sentencias tan demoledoras y cotidianas como «Si no puedes vivir aquí, vete a Guadalajara» resuenan en la sala, exponiendo con un humor ácido y mordaz el dramatismo de una crisis que dejó de afectar a unos pocos para convertirse en una herida abierta cada vez más extendida.
En definitiva, Paloma Díaz logra plasmar la fragilidad del individuo frente al gigante del mercado inmobiliario con una brillantez gestual impecable utilizando su propio cuerpo como una última trinchera en un acto de resistencia poética capaz de reflejar una de las mayores crisis actuales.





