Graciela Henríquez

Ha muerto Graciela Henríquez

Madrid, 06 de septiembre de 2026

Falleció ayer en Ciudad de México la bailarina, coreógrafa, investigadora, docente y promotora cultural mexicana, de origen venezolano, Graciela Henríquez (Barquisimeto, 1932), a quien se atribuye la ampliación de las fronteras hacia una danza contemporánea latinoamericana más híbrida, crítica y expresiva. La artista había sido noticia el año pasado al recibir el Reconocimiento Danza UNAM, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y uno de los galardones más prestigiosos del país.

La danza latinoamericana está de luto. Innumerables fueron las aportaciones de Graciela Henríquez no solamente a México sino a la danza de todo el continente. Con ella aparecieron elementos poco habituales entonces como la palabra hablada, lo teatral, lo popular y lo tradicional. Estableció un puente fundamental entre la danza, la antropología, la historia y el pensamiento crítico. También incentivó la investigación y creó una obra no pocas veces profundamente feminista e interesada por la problemática social de aquellos países, lo que contradictoriamente, la hizo universal.

En 1975, cuando presentó en el Holland Festival su coreografía Mujeres, con el Ballet Independiente, de México, el crítico alemán Jochen Schmidt, del rotativo alemán Frankfurter Zeitung dijo: “La emancipación bailó y que esta señal viniera de México y no de Nueva York fue la gran sorpresa del Festival”.

El jurado que decidió otorgarle el premio UNAM el año pasado justificó el galardón diciendo que se lo concedían “por su singular y sostenida contribución al desarrollo, enriquecimiento y trascendencia de la danza en México a lo largo de más de siete décadas, desde los ámbitos de la creación artística, la pedagogía, la interpretación, la promoción, la difusión y la investigación, generando un legado profundo y duradero tanto en el campo académico como en el escénico, que ha incidido de manera decisiva en la formación de artistas, investigadores y públicos de diversas generaciones”.

Oraciones, de Graciela Henríquez
‘Oraciones’, de Graciela Henríquez

Una trayectoria larga

Formada en Venezuela y Francia, Graciela Henríquez se radicó en México en 1962, obteniendo más tarde la nacionalidad. Empezó haciendo ballet en Caracas y pronto se marchó a París para seguir estudiando. Llegó a bailar para el Emperador Haile Sleassie, de Etiopía y en Barcelona colaboró con el creador catalán Joan Tena. Durante estos años realizó sus primeras incursiones coreográficas de carácter más narrativo como El mandarín maravilloso, de Bela Bartók o Las bodas, de Stravinsky. Pero cuando llegó a México, en 1962, quedó fascinada por la efervescencia vanguardista que vivía el país azteca.

Allí se unió pronto a este movimiento de vanguardia y colaboró con figuras como Alejandro Jodorowsky, Amalia Hernández y, especialmente, Raúl Flores Canelo, del Ballet Independiente, donde creó algunas de las piezas fundamentales de su legado como Invenciones, Gymnopédies, Mujeres o Espacios, que dejaron un legado esencial en la danza contemporánea y la danza-teatro del país.

Henríquez estuvo fascinada por la danza-teatro alemana, de Pina Bausch, pero entendió que los postulados de la relevante coreógrafa de Wuppertal eran una vía expresiva que le permitía hacer obras locales relacionadas con la problemática social de Latinoamérica, una idea que pronto se hizo eco en muchos coreógrafos de todo el continente.

Sus estudios de antropología contribuyeron a la creación de su universo, que desde la modernidad miraba hacia las costumbres, el folclore y los rituales de aquella sociedad. Representativa, en este sentido, es Oraciones, una obra en la que los intérpretes bailan rezando y orando en voz alta, en un discurrir místico no proselitista que evoca los ritos de entierros y funerales latinoamericanos y al mismo tiempo recuerda lo mucho que mueve la fe en estos países.

Desde la docencia, motivó, impulsó e inspiró a nuevas generaciones de artistas, que consolidaron sus lenguajes particulares a partir del suyo, de su pensamiento y su manera desprejuiciada de entender y abordar la danza. Entre ellos el coreógrafo mexicano Alberto García, director en Madrid de su compañía y laboratorio de investigación, con sede en Chueca, El Curro DT.