El pasado 06 de julio, en el CCCB de Barcelona, el creador Pau Arán estrenaba en su ciudad La misma diferencia, una pieza centrada en la diversidad de género y sexo, en la que el exbailarín de Pina Bausch decidió no bailar. Su nueva creación tuvo su premier en el marco de la celebración de los 50 años del Festiva Grec.

Se estrenaba en el Festival Grec 2026 La mateixa diferència (La misma diferencia), la primera composición del coreógrafo Pau Arán en la que él no baila y que se centra en la temática sobre diversidad de género y de sexo y que, a diferencia de la clásica problematización del asunto, quiere ser un punto de encuentro natural, sensible y razonado que nos permita hacernos un conjunto de reflexiones en el actual contexto mundial.

Quizás por eso el primer texto que se escucha de sus intérpretes tiene que ver con el cambio climático y la constatación de que la naturaleza hace mucho más tiempo que el pensamiento humano que integra la diferencia como parte sustancial de la existencia.

Y en ese punto inicial se adivina la constante que Pau irá desarrollando en el espectáculo. Empieza a bailar Anne Martin, mujer alta de pelo largo, brazos elevados y elegante porte. Con evidente referencia a Pina Bausch, por haber sido también parte de aquella compañía. Pero que nadie se asuste: no se trata de un remember, sino de una oportunidad para enlazar pasado y presente. Objeto central de la pieza. Con ello, tenemos los dos ejes armados: el de la presencia de la diversidad en la naturaleza y el encaje histórico con muchos otros que, antes que nosotros, buscaban espacios de identificación.

PauDOS

Lo raro como patrimonio

Desde el inicio del espectáculo, los cinco intérpretes han desplegado sobre el escenario sus ropajes queer: lo “raro” como patrimonio de lo posible. Hay aquí un eco a aquella Tauberbach de Alain Platel. A lo mejor no buscado, pero juega con similar recurso. Un espacio de libertad, de encuentro, de reconocimiento de las relaciones con los otros que es auténticamente la posibilidad de lo performático. Cada cual desde su posición. En su identidad. Vistiendo con libertad. Una declaración de principios que casi sonaría a naïf si no se recordara el sufrimiento que costó lograr el respeto, siempre parcialmente, siempre en peligro, al menos en algunos rincones del planeta. Un recuerdo que tienen durante la función y que gritan simbólicamente para nunca jamás ceder terreno.

Pero en lo coreográfico aún quedaba pendiente la gran sorpresa de la noche. Con el primer solo de Aaron Samuel Davis. Podríamos afirmar que Pau Arán se ha liberado de sí mismo, de ese imprescindible, pero quizás pesado legado dancístico de su cuerpo, para generar nuevas ideas, en diálogo con la base más física, el ritmo gestual, los lenguajes más urbanos y el sonido coreográfico más actual. Es un motivo de celebración: con esta obra parecería que se inaugura un nuevo director, siempre anclado, pero para siempre libre.

Este es el mensaje de La mateixa diferència: una reivindicación del derecho a bailar, que no es otra cosa que un acto de amor, como se proclama en un final emotivo y sencillo. Un sostenimiento en un pasado desde el cual proyectarnos. Una constatación de que lo queer hace mucho que está entre nosotros. Es que lo somos, desde siempre.