Mientras en España el flamenco sigue a veces atrapado entre debates sobre tradición y renovación, al otro lado de los Pirineos un festival nacido hace 37 años ha intentado demostrar que el arte jondo puede ser una puerta abierta a la emoción universal. Mont-de-Marsan ha presentado una nueva edición mirando hacia las raíces y hacia el futuro.
Con sus 37 años de permanencia, el Festival de Arte Flamenco de Mont-De-Marsan, en Francia, es el más antiguo del país vecino dedicado al flamenco, con la única salvedad del de Nîmes, que va por delante. La nueva edición de este célebre encuentro español en tierra francesa ha intentado superar los 14 mil espectadores del año pasado, en una edición que clausuró el pasado 04 de julio con una temática muy concreta: lo jondo, un concepto muy flamenco que alude a tradición, memoria y autenticidad por un lado, y a una experiencia artística relacionada con las emociones, el misterio y la imaginación, por el otro.
De esa expectación que genera un festival tan específico, que moviliza a una ciudad tan pequeña como Mont-De-Marsan, Domingo González, español en el Comité de Programación del festival, asegura: “Hay públicos de flamenco más difíciles en España. El festival se ha mantenido con un prestigio y un éxito razonable durante más de 37 años. Tiene un público que conoce tanto el flamenco tradicional como el actual, y es algo que no le genera conflicto alguno”.
Dice también que siempre ha cuidado al máximo la amplia programación de calle intentando que los espectáculos sean de primera, porque entienden que el que paga por ir a sala tiene una motivación y un interés previos pero el que se lo atraviesa en la calle, puede que sea la primera vez que lo ve.
Con una temática este año, tan amplia y restringida a un tiempo, como lo jondo, se ha elaborado un cartel que, lógicamente, cruza tradición y modernidad. Inauguró Manuel Liñán, que además recibió el Premio Confluences, recién creado, con Llámame Lorca. Prosiguió Alfonso Losa y Paula Comitre con su propuesta Alter Ego, David Coria con su nueva creación Babel. Torre viva, que venía de inaugurar hace muy poco, también en Francia, el prestigioso Festival Montpellier Danse, María Moreno, con su Magnificat, Mercedes Ruiz con Romencero del baile flamenco y el tándem Patricia Guerrero y Alejandro Hurtado, con Devenir.

Fascinados por el flamenco
Una de las preguntas que surge frente al éxito arrollador de un festival flamenco en un país ajeno al nuestro, tiene que ver con las motivaciones. Es del todo excepcional que una manifestación folclórica española (muy evolucionada y hoy dentro del marco de las vanguardias hay que admitir) tenga semejante repercusión en el extranjero. “Demuestra que el flamenco es patrimonio universal de la humanidad”, concluye David Coria. “El público francés está más acostumbrado y educado en un flamenco tradicional pero son muy abiertos a la danza y es fantástico ver su reacción positiva ante propuestas que no son las convencionales”.
Para Domingo González, al menos en lo que concierne a Francia, tiene mucho que ver la proximidad. “En los momentos fundacionales del flamenco la influencia de la cultura francesa juega un papel relevante, y esa capacidad de influencia, que es mutua, es algo que se ha mantenido. Ha surgido de manera natural, por la cercanía geográfica. El traje escénico flamenco tiene una clara conexión con la moda parisina del siglo XIX”. También se apresura en destacar: “Las peñas en el sur de Francia son mitad peña y mitad academia, esto hace que se generen actividades en las que son ellos, los franceses, los protagonistas, y eso hace que haya mucha gente local que lo practique”.
No obstante, esa argumentación no sirve para explicar la fascinación que despierta el flamenco en lugares tan lejanos como Japón. “Quizá en Japón tenga mucho que ver la propia curiosidad de los japoneses”, se aventura González. “No creo que sea muy diferente ni mayor el interés que tienen allá por el tango o la salsa. Es mucho más llamativo el hecho de que en Japón la afición por la capoeira sea tan enorme”.
Alfonso Losa aporta una reflexión más universal. “Esa fascinación no se da solamente por los flamencos que viajamos a presentar nuestros espectáculos. Lo que genera esa fascinación son los movimientos locales, un maestro que vino hace treinta años y ha estado enseñando flamenco, gente que lleva años practicándolo… Nosotros aportamos, pero en realidad vamos y venimos, no estamos allí. Y esa afición no crece un festival, sino en el día a día de la gente. Eso es lo que para mí explica el interés por el flamenco que hoy existe en Japón, Argentina, en el sur de Estados Unidos…”




